Por Marcelo Fernández DJ
Nueva York, 1976. Las luces de neón se reflejan en la pista de baile de la mítica discoteca Studio 54. Una voz sensual, casi un susurro, inunda los altavoces: “Ooh, how do you like it? How do you like it?”. (“Ooh, ¿qué tal te gusta?” )
El tema es un éxito rotundo. Llega al número 4 del Billboard Hot 100 y se convierte en el himno de la decadencia y el hedonismo de los setenta. El proyecto se llama The Andrea True Connection. Pero detrás de este estallido de purpurina y ritmo, se esconde una de las tramas más bizarras de la industria musical, que involucra películas condicionadas, las leyes financieras de Jamaica y un escape milagroso.
Bienvenidos a un nuevo episodio. Hoy: Andrea True.

Para entender esta canción, hay que conocer a su protagonista. Andrea True nació en Nashville como Andrea Marie Truden. Estudió piano clásico, amaba la música y, siendo una adolescente, se mudó a Nueva York buscando el estrellato legítimo. Consiguió pequeños papeles como extra en películas comerciales como The Way We Were(con Barbra Streisand), pero el dinero escaseaba.
A principios de los setenta, tomó un desvío drástico: entró en la naciente y muy lucrativa industria del cine para adultos de Nueva York. Rápidamente se convirtió en una de las actrices más famosas de la época, filmando más de 50 películas bajo diversos seudónimos.
Andrea ganaba mucho dinero, pero estaba cansada. Quería una salida. Quería volver a su verdadero amor: la música. Y el destino le preparó una jugada maestra en el lugar menos pensado.
Año 1975. Andrea viaja a Jamaica. No iba a filmar una película condicionada, sino un anuncio de televisión para una empresa de bienes raíces local que la había contratado por su fama.
Aquí viene el giro de la película: justo cuando termina el trabajo y le pagan una fuerte suma de dinero, el gobierno jamaicano impone un estricto control de cambios y prohíbe la salida de capitales y transferencias de activos al extranjero debido a la tensa situación política de la isla.
Andrea True se encuentra con miles de dólares en las manos que no puede sacar del país. Si cruza la frontera con ese dinero en efectivo, se lo confiscan. Si se va sin él, lo pierde todo. ¿Qué hace? Decide gastarlo todo en la isla antes de regresar. ¿Y en qué lo gasta? En alquilar los legendarios Federal Studios en Kingston para grabar una maqueta musical.
Andrea llama desesperadamente a su amigo, el productor y compositor neoyorquino Gregg Diamond, y le dice: “Ven a Jamaica ya. Tengo un estudio pagado, músicos de sesión locales y presupuesto”.
Diamond vuela a la isla con unos bocetos de una canción en la que estaba trabajando. Como Andrea no tenía una gran técnica vocal, Diamond decide estructurar el tema aprovechando su susurro sensual, duplicando las pistas de voz y dejando que los instrumentos —un bajo demoledor y unos arreglos de viento espectaculares grabados por músicos jamaicanos— hicieran el trabajo pesado.
Al principio se quedaron sin dinero a mitad de la sesión y tuvieron que dejar las cintas maestras como garantía a los músicos. Pero lograron recuperar el material, regresar a Nueva York y entregarle la pista al legendario ingeniero Tom Moulton, el padre del remix de doce pulgadas. Cuando Moulton aceleró el ritmo y pulió la mezcla… ocurrió la magia.
Lanzada a principios de 1976, “More, More, More” incendió las discotecas. El público no sabía —o no le importaba— el pasado de Andrea. Ella declaró en su momento: “No me vean más como una estrella porno, ahora soy una estrella de la música”.
La canción fue tan masiva que Andrea llegó a grabar una versión en español llamada “Más, Más, Más” para el mercado latinoamericano, y giró por todo el mundo haciendo playback en programas icónicos como Musikladen o Top of the Pops. Aunque tuvo otros éxitos menores como “N.Y., You Got Me Dancing”, nunca pudo replicar el impacto de su primer sencillo.
Con los años, el tema demostró ser eterno. En 1999, la banda canadiense Len sampleó el interludio instrumental de la canción para crear su superéxito veraniego “Steal My Sunshine”, dándole una nueva vida (y jugosas regalías) a Andrea en sus últimos años.

El último aplauso
Andrea True falleció en 2011 a los 68 años. En una de sus últimas entrevistas para la televisión estadounidense, cuando le preguntaron cómo quería ser recordada, miró fijamente a la cámara y dijo: “Como alguien que le dio placer a la gente… con mi música”.
Una mujer que convirtió una crisis económica y una frontera cerrada en uno de los momentos más brillantes, sexis e inolvidables de la historia del pop.





