Por José María Quevedo
El viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, afirmó que el Gobierno avanza en una estrategia para desarrollar los recursos naturales del país bajo criterios de sostenibilidad y confirmó que el Ministerio del Ambiente prepara una ley de manejo de áreas protegidas que establecerá las reglas para una eventual explotación de recursos dentro de parques nacionales.
En una entrevista, el ministro sostuvo que Paraguay se prepara institucionalmente para una futura industria del gas natural, aseguró que son las propias empresas extractivas las más interesadas en minimizar los riesgos ambientales y explicó que, aunque existe una alta certeza sobre la generación de gas natural en el subsuelo paraguayo, todavía no existen reservas certificadas que permitan hablar de una explotación comercial.
También detalló el modelo de explotación que analiza el Gobierno, el impacto económico que tendría el desarrollo del gas natural y la situación del proyecto vinculado al Parque Nacional Médanos del Chaco.
—¿Qué valoración hace de las recientes declaraciones del presidente sobre la necesidad de explorar el territorio paraguayo en búsqueda de minerales y con qué directivas concretas acompaña el Ejecutivo esta postura pública?
—La manifestación del presidente está plenamente concordada con una política energética y minera donde están claramente marcadas las líneas principales: Paraguay debe avanzar hacia el aprovechamiento de sus recursos naturales con una mirada de desarrollo sostenible y con un respeto irrestricto a las normativas ambientales.
Esto significa que ninguna actividad minera, eléctrica o hidrocarburífera puede realizarse sin contar previamente con la correspondiente licencia ambiental. Es una condición indispensable y forma parte del marco institucional que regula cualquier actividad extractiva.
Pero, al mismo tiempo, existe una premisa absoluta dentro de la política del Gobierno: desarrollar nuestro país en base a la explotación responsable de los recursos naturales que tenemos. Paraguay cuenta con recursos otorgados por la naturaleza que deben ser estudiados, conocidos y aprovechados para generar crecimiento económico, empleo y mejores condiciones de vida para la población.

—¿Qué nivel de certeza existe actualmente sobre la presencia de gas natural en el Chaco y cuáles son los estudios o evidencias que permiten hablar de una posible explotación comercial?
—La certeza que tenemos actualmente está vinculada a la generación de hidrocarburos en nuestro subsuelo. Esa información surge del trabajo acumulado durante décadas a través del Centro Nacional de Información Hidrocarburífera, que reúne todos los estudios prospectivos y exploratorios realizados a lo largo y ancho del territorio nacional.
En Paraguay se realizaron 53 pozos exploratorios y un porcentaje superior al 90% presentó indicios de gas natural. También existen muestras de petróleo, pero donde tenemos mayor evidencia y mayor certeza geológica es en la generación de gas natural.
Ahora bien, debemos ser muy responsables en este punto: una cosa es tener evidencia de generación de hidrocarburos y otra muy diferente es contar con reservas certificadas que permitan una explotación comercial.
Hasta este momento no podemos afirmar que Paraguay tenga una reserva certificada de gas natural lista para explotación comercial. Para llegar a esa etapa necesitamos realizar nuevos estudios, certificar las reservas y determinar si el volumen encontrado tiene viabilidad económica.
—Si se confirma la existencia de reservas explotables, ¿cuál sería el modelo que impulsaría el Gobierno: participación estatal, concesiones privadas o una alianza público-privada?
—Actualmente estamos analizando dos modelos posibles.
El primero es el esquema vigente, que establece que el Estado puede otorgar concesiones al sector privado mediante el marco legal correspondiente para que empresas especializadas desarrollen las actividades de exploración y explotación.
El segundo modelo es la posibilidad de una asociación público-privada. En este caso adquiere relevancia Petropar, porque existen bloques que pertenecen a la empresa estatal y estamos evaluando alternativas para que pueda asociarse con un socio estratégico que permita avanzar en una explotación conjunta.
Estamos trabajando en el análisis de los modelos contractuales y de asociación que podrían aplicarse. En un corto plazo vamos a socializar estas alternativas para que exista mayor conocimiento público sobre las posibilidades que tiene Paraguay.
—¿Qué impacto podría tener el desarrollo del gas chaqueño en la economía paraguaya? ¿Podría convertirse en una fuente de ingresos, generación de empleo y reducción de la dependencia energética?
—Si Paraguay logra certificar reservas de gas natural, el impacto económico podría ser muy importante. Contar con un recurso energético propio abre una enorme cantidad de posibilidades para el desarrollo nacional.
El gas natural puede transformarse en electricidad mediante diferentes tecnologías, permitiendo acompañar el crecimiento que Paraguay viene teniendo y sostenerlo en el tiempo.
Además, podría generar nuevos polos industriales en el Chaco paraguayo. La disponibilidad de este energético permitiría atraer industrias que actualmente se encuentran instaladas en otros países, especialmente aquellas que utilizan gas natural como insumo fundamental, como las industrias de fertilizantes, cerámica y vidrio.
También existe una oportunidad vinculada a la infraestructura. La construcción de un eventual gasoducto y todo el desarrollo asociado generarían nuevas fuentes de empleo, tanto durante la instalación de los proyectos como posteriormente con puestos de trabajo especializados.
Otro aspecto fundamental es la reducción de la dependencia energética. La posibilidad de sustituir parte del consumo de combustibles refinados importados por gas natural fortalecería la seguridad y la soberanía energética del Paraguay.
—La explotación de hidrocarburos en el Chaco genera preocupación por su impacto ambiental y social. ¿Qué controles y garantías se establecerían para evitar daños al ecosistema y a las comunidades de la zona?
—Existe una conciencia plena en la sociedad y especialmente en quienes viven en el Chaco sobre la importancia de aprovechar los recursos naturales de manera responsable.
Como hemos señalado, ninguna explotación puede realizarse sin una licencia ambiental previa. El Ministerio del Ambiente tiene la responsabilidad de evaluar cada proyecto, analizar sus impactos y establecer las condiciones necesarias para minimizar cualquier riesgo.
La industria extractiva moderna trabaja bajo estándares muy exigentes porque las propias empresas tienen inversiones multimillonarias comprometidas y necesitan garantizar que sus operaciones sean sostenibles.
Por supuesto, el Estado debe cumplir su rol de control y fiscalización para asegurar que todas las actividades se desarrollen dentro del marco legal, protegiendo el ambiente y respetando a las comunidades involucradas.
—Paraguay es reconocido por su producción de energía hidroeléctrica. ¿Cómo encajaría el gas natural dentro de la matriz energética del país y cuál sería su papel frente a la transición hacia energías más limpias?
—Paraguay tiene una característica excepcional: prácticamente el 100% de nuestra generación eléctrica proviene de una fuente limpia y renovable como la energía hidroeléctrica.
La política energética nacional busca mantener esa fortaleza, pero al mismo tiempo avanzar hacia una diversificación de la matriz incorporando nuevas fuentes como energía solar, eólica, biomasa, biogás, pequeñas centrales hidroeléctricas y otras tecnologías que puedan incorporarse en el futuro.
El gas natural es considerado internacionalmente como un energético de transición. Su incorporación dentro de la matriz paraguaya sería gradual y complementaria.
Nuestra ventaja es que Paraguay ya parte de una matriz limpia, por lo que la incorporación de gas natural no significaría abandonar nuestro perfil energético renovable, sino sumar una herramienta que permita acompañar el crecimiento económico y energético del país.
—¿Cree que Paraguay está preparado institucionalmente para administrar un eventual boom de hidrocarburos y evitar experiencias negativas de otros países ricos en recursos naturales?
—Paraguay se está preparando permanentemente para afrontar ese desafío.
Estamos trabajando en fortalecer las normativas, capacitar recursos humanos y generar las condiciones institucionales necesarias para acompañar un eventual proceso de explotación de gas natural.
Ya tuvimos una experiencia concreta con el gas utilizado para generación eléctrica en Bahía Negra, donde existió una explotación comercial en pequeña escala. El desafío ahora es prepararnos para una posible nueva etapa, con mayores dimensiones y mayores exigencias.
El objetivo es que un eventual desarrollo de hidrocarburos tenga un impacto positivo para Paraguay y no genere los problemas que han tenido otros países donde la abundancia de recursos naturales no siempre se tradujo en desarrollo.

—¿En qué estado se encuentra actualmente el proyecto que busca habilitar la exploración y eventual explotación de hidrocarburos en el Parque Nacional Médanos del Chaco? ¿Cuál es la posición del Ejecutivo frente a esa iniciativa?
—La iniciativa que está siendo tratada en el Congreso busca devolver un derecho que había sido otorgado anteriormente por el Estado paraguayo a una empresa que había realizado exploraciones en la zona y que llegó a utilizar gas natural comprimido para generación eléctrica en Bahía Negra.
Pero el debate actual trasciende ese proyecto específico. Existe una discusión más amplia sobre cómo debe manejarse la posibilidad de aprovechar recursos naturales dentro de áreas protegidas.
Por eso se está trabajando junto con el Ministerio del Ambiente en una propuesta normativa que establezca criterios claros sobre el manejo de parques nacionales y las condiciones bajo las cuales podría evaluarse cualquier actividad.
El debate ambiental debe ser analizado con criterios técnicos y científicos por las autoridades correspondientes. Pero dentro de la política energética nacional existe una definición clara: Paraguay debe conocer y aprovechar sus recursos naturales para impulsar un desarrollo sostenible.





