info@ego.com.py

  • 0992 555 019

“Es como Bukele”: lo que la calle piensa de Prieto y lo que revela su discurso

ptitle-particle1
ptitle-particle2
ptitle-particle3
ptitle-particle4

Por José María Quevedo

“Es como Bukele, el Bukele del Paraguay”. Lo dice el motobolt, la cajera del supermercado y la señora que vuelve tarde del trabajo a Luque en el bus de la línea 28.

No es una encuesta ni un estudio científico. Es el registro de conversaciones con gente en la calle, en distintos momentos del día, lejos de los estudios de televisión, las oficinas partidarias y las mesas donde se discuten las candidaturas. Pero hay algo que se repite y merece atención: la idea de Miguel Prieto presidente empieza a instalarse en el imaginario de una parte de la ciudadanía.

“Capaz no es tan preparado, pero es el único que tenemos para cambiar algo”, agrega más de uno. La frase importa tanto como la comparación con Nayib Bukele. No expresa necesariamente una adhesión a un programa de gobierno ni un conocimiento profundo de la trayectoria del exintendente de Ciudad del Este. Expresa, sobre todo, una expectativa: la posibilidad de que alguien distinto altere las reglas de un sistema que muchos consideran agotado.

En estas conversaciones aparece una primera clave para entender el fenómeno Prieto. Su potencial electoral no depende exclusivamente de lo que representa como dirigente, sino también de lo que una parte del electorado espera que represente. La comparación con Bukele funciona como una referencia reconocible para expresar esa demanda de cambio, aunque las semejanzas entre ambos liderazgos no deban darse por demostradas.

La pregunta, entonces, es cómo se construye esa expectativa y de qué manera Prieto intenta transformarla en una alternativa de poder nacional.

El pueblo contra el sistema

Desde el análisis crítico del discurso, la propuesta de Prieto puede leerse como una forma de populismo que denomino populismo de liberación. La expresión no implica una clasificación definitiva, sino una hipótesis para interpretar la lógica que articula sus mensajes y su práctica política.

El punto de partida es una oposición entre dos actores: de un lado, la gente que trabaja, paga sus cuentas, utiliza los servicios públicos y siente que el Estado no responde; del otro, una estructura de poder asociada con la corrupción, los privilegios y el control de las instituciones.

En esta construcción, el problema del Paraguay no sería la falta de recursos, sino el destino que tienen. El dinero está, pero la corrupción lo captura. Por eso, la solución se presenta como la recuperación de lo que ya existe, antes que como la creación de nuevos impuestos o el aumento de las cargas sobre los ciudadanos.

La idea es políticamente potente porque traduce un problema complejo —el funcionamiento del Estado, sus recursos y sus capacidades— en una explicación sencilla: no hace falta cobrar más, sino dejar de robar.

El trabajador ocupa un lugar central en esta narrativa. No aparece como integrante de una clase social definida por una doctrina ideológica, sino como la figura concreta de quien necesita respuestas y se enfrenta a un Estado que no funciona como debería. Es el ciudadano que viaja en colectivo, busca atención médica, paga impuestos y observa cómo otros parecen beneficiarse de un sistema al que él sostiene.

Prieto intenta hablar desde ese lugar y, al mismo tiempo, presentarse como alguien capaz de modificar esa realidad

Ni izquierda ni derecha: la política de las demandas

Prieto busca ubicarse más allá de las identidades ideológicas tradicionales, combinando críticas a los privilegios estatales, mensajes dirigidos al sector privado y promesas de eficiencia. Su discurso comparte algunos rasgos con Milei y Bukele, pero se articula principalmente alrededor de una promesa de ruptura con el sistema y recuperación del control sobre el Estado.

Esta lógica atraviesa su idea de “populismo de liberación”: liberar recursos de la corrupción, al trabajador de un Estado que no responde y a las instituciones de quienes las utilizan en beneficio propio. Sin embargo, la promesa de liberación también debe demostrar que no terminará concentrando el poder en un nuevo liderazgo personal.

Las encuestas y la construcción del candidato

Prieto busca transformar su identificación con la gente en una candidatura capaz de reunir a la oposición. Las encuestas que afirma tener pueden funcionar como argumento para reclamar el respaldo de los partidos, evitar una interna y alcanzar una proclamación por consenso o aclamación.

Así, una aspiración personal se presenta como expresión de una voluntad colectiva: no sería Prieto quien reclama la candidatura, sino la gente quien lo elige como la opción con mayores posibilidades de derrotar al oficialismo. Pero liderar una encuesta no equivale a representar a toda la oposición ni garantiza la transferencia de votos. Su estrategia combina la identificación directa con la ciudadanía y la negociación con las estructuras políticas que necesita para llegar al poder.

De la calle a la disputa presidencial

La comparación con Bukele no demuestra que Prieto sea su equivalente paraguayo, pero revela una expectativa presente en algunas conversaciones: la búsqueda de un liderazgo que rompa con las reglas conocidas y produzca resultados.

La fortaleza de Prieto consiste en articular esa demanda en una narrativa sencilla, con adversarios identificables y una promesa de liberación. Su desafío es convertirla en una propuesta de gobierno consistente y en una coalición capaz de sostenerla.

En la calle, la expectativa se resume en una frase: «Es el único que tenemos para cambiar algo». En la disputa presidencial, todavía debe transformarse en votos, acuerdos y una propuesta de poder.

El fenómeno Prieto empieza con una promesa de ruptura. La cuestión es qué cambiaría realmente y qué nuevas relaciones de poder surgirían después de esa ruptura.

(Foto de porada LPO)

We understand the importance of approaching each work integrally and believe in the power of simple.

Melbourne, Australia
(Sat - Thursday)
(10am - 05 pm)
Cart

No hay productos en el carrito.